¿Por qué los judíos son tan unidos?

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Muy frecuentemente escuchamos en la vida cotidiana lo siguiente: “Los judíos son tan unidos”

¿Verdadero o falso?

La simple mención de la palabra unidad nos lleva inexorablemente a pensar en una integridad en la que no es posible la división o desmembramiento sin modificar su esencia misma. El judaísmo sin unidad no solo se debilita sino pierde sus centros de referencia y se aleja inexorablemente de su propia naturaleza.

La unidad nos advierte sobre el Lashon Hara o hablar mal o despectivamente del prójimo, ya sea cara a cara, en las reuniones, en las redes sociales, en las comunicaciones telefónicas, en los correos electrónicos y en las declaraciones en los medios periodísticos. Y más aún del Hotzaat shem ra que es la difamación hacia otra persona utilizando mentiras y calumnias, considerado mucho más grave aún que el Lashon Hara.

La unidad necesita la participación activa en la vida democrática de las diversas corrientes del pensamiento y de todos los sectores con diferentes puntos de vista sobre su tiempo histórico y su realidad social.

La unidad reclama el pluralismo y el pensamiento democrático que asegure la existencia de diferentes posiciones y pensamientos ideológicos que no colisionen y que se complementen armónicamente.

Hoy más que nunca, el Judaísmo debe unirse en torno a su fe ancestral, a sus valores éticos, a sus irrenunciables vínculos con el Estado de Israel para poder realizarse plenamente como judíos pero a su vez ser plenos y orgullosos ciudadanos del país donde vivamos y asumir activamente todos los desafíos que nos demande la sociedad de la que somos parte y estamos indisolublemente inmersos.

Rabbi Abraham Kook opinaba que: “Quien dijo que mi alma está desgarrada, habló bien. Sin duda, está desgarrada. No podemos imaginar a una persona cuya alma no está desgarrada. Sólo un objeto inanimado puede estar entero. Un ser humano está lleno de aspiraciones en conflicto, y una guerra hace estragos internos dentro de él continuamente. La verdadera misión del hombre es la de fusionar los fragmentos rotos de su alma por medio de un concepto totalmente inclusivo, una idea cuya magnitud y eminencia abarca todo lo demás, trayéndola a su completa armonía”.

Nuestra verdadera misión es la de fusionar esos fragmentos rotos que puedan llegar a producirse, a través de una unidad que sea completamente inclusiva.

Creo decididamente que la única y natural respuesta posible, ante estos complejos momentos en los que transcurren nuestros días es hoy más que nunca: La Unidad y la Inclusión en el judaísmo.

“Si el Segundo Templo se destruyó por odio gratuito, el Tercero sólo se podrá construir mediante amor gratuito.” Por el Rab. Abraham Itzjak HaCohen Kuk. (Gran rabino de Israel a principios del siglo veinte).

Guido Maisuls
Servicio judío de opinión e investigación periodística
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