• Home
  • Judaismo
  • Carta a mis hijos: La dicha y el orgullo de ser padre de Soldados Israelíes

Carta a mis hijos: La dicha y el orgullo de ser padre de Soldados Israelíes

israel3000

 

Carta a mis hijos

La vida me depara la dicha y el orgullo de ser padre de Soldados Israelíes

Publicado por Guido Maisuls el 25 de julio de 2009

Si, me refiero a ustedes, de los que tanto hablan los medios de difusión del mundo y a menudo nada bien, presentándolos a veces como a monstruos que comen niños y torturan ancianas indefensas, pero esto es otra historia, es como las difamaciones que recibía nuestro pueblo en las épocas de la peste negra.

Yo soy el padre de ustedes, de un reservista de Nahal (ל"נח), de un combatiente de Hativat HaTzanhanim (חֲטִיבַת הַצַּנְחָנִים) y de una integrante de Jel Haiam (Marina); pero también los siento y los asumo; los reconozco a todos como hijos propios, en sus rostros juveniles, en su andar decidido y espontáneo, en los colores de sus gorras, en sus espaldas recargadas de pesadas mochilas, en sus armas cuidadas como tesoros, en las calles, en el autobús, en los trenes. Si, a todos, a los que nacieron en nuestra tierra de Israel y a los que vinieron de Sudamérica, de Rusia, de Etiopia y de todos los rincones del mundo, los que lo hicieron solos o con sus familias.

Muy de pronto, de la noche a la mañana, la vida los ha transformado de casi niños inocentes, desenfadados adolescentes, estudiantes de bagrut, en valerosos y sacrificados defensores de nuestras familias, de nuestras comunidades y de la tierra de Israel.

Hace tan poco tiempo que abandonaron sus juegos infantiles y talvez no tuvieron el necesario para hacer los suficientes poemas de amor que quisieron y ya se encuentran con un arma en los brazos preparados para algo que ya dejo de ser un juego infantil o un romance de verano.

Les confieso que soy un padre al que nunca le cayeron simpáticos los himnos de guerra y los colores militares, un padre que nació y vivió en lejanas y verdes tierras, donde el uniforme militar no era un símbolo de defensa del país y de la sociedad, sino mas bien representaba el autoritarismo, el atropello de los derechos del pueblo, los golpes de estado y el enemigo era el propio pueblo. Un ejército donde para ser oficial tenias que tener una religión determinada u ocultar la tuya y la de tus padres.

Lo sorprendente en este mundo tan violento e intolerante, es que ustedes no manifiestan ir a la guerra para exterminar al enemigo, para saquear indefensas poblaciones civiles o para conquistar tierras extrañas, hablan de luchar contra los terroristas que se explotan en los autobuses y en los restaurantes para matar civiles inocentes, contra los que tiran kazanim y katiushas (misiles) donde sus blancos preferidos son nuestros hogares y tal vez sobre naciones indecentes donde su gran sueño dorado es borrarnos de la faz de la tierra o echarnos al Mediterráneo.

Tengo la suerte de tener un hogar que está permanentemente movilizado, principalmente los fines de semanas y jaguim (fiestas), cuando ustedes llegan cansados, siempre contentos, con sus mochilas cargadas de ropa sucia que hacen funcionar los lavarropas al rojo vivo, con pretensiones de comer el asadito de papá o las comidas ricas de mamá, con las expectativas de volver a ver de nuevo a los amigos de siempre o a aquella hermosa chica o chico que conocimos. Y luego de nuevo la revolución de prepararse para partir siempre muy temprano, con el uniforme limpio y planchado, las botas lustradas y los besos apurados a papá y a mamá con un “los quiero mucho”.

No es para cargarlos de culpas ni para pasarles el fardo pero sin querer nos hacen sufrir muchísimo, cada vez que escuchamos noticias de enfrentamientos, atentados o secuestros o los informes del frente de combate nos tiembla el alma, esperando recibir llamados de los celulares que muchas veces están sordos y mudos durante las tareas más delicadas que ustedes realizan y luego viene la calma al saber que están bien y la amargura de saber que a otro le pudo haber tocado esta vez.

Por supuesto que se que están bien cuidados, porque hemos sido invitados a conocer a donde viven, que comen y cuál es la cara y el número de celular del mefaked (oficial) que se encarga de ustedes y al que le manifestamos que tenemos temores por nuestro hijo y el que siempre nos responde: también mi mama teme por también mí.

Decían hace años que un hombre no debe llorar pero a veces ocurre, me hace caen lagrimas de emoción verlos en las ceremonias donde reciben con mucho orgullo el Tanaj (biblia), el arma y la gorra, donde juran luchar contra el terror y los enemigos de nuestra Medinah (estado), donde no juran morir por la patria sino vivir para que la patria viva.
Nunca llegué a cantar el Hatikva (Esperanza) con tanto fervor y con los ojos humedecidos.

Les deseo que vuestros mejores sueños se hagan realidad y que en el mundo que están ustedes construyendo reine una paz justa, permanente y verdadera.

Dr. Guido Maisuls
Israel

Publicado por Guido Maisuls el 25 de julio del 2009

Guido Maisuls
Servicio judío de opinión e investigación periodística
www.identidades.com.ar

Copyright © 2015 - Identidades - Todos los Derechos Reservados.
Todas las publicaciones generadas por "Identidades" sólo podrán ser reproducidas total o parcialmente en otros medios, citando la fuente.