La centralidad de Israel en la vida judía del mundo

La centralidad de Israel en la vida judía del mundo

Reflexiones de un ciudadano argentino consustanciado con la historia, la cultura y la fe judaica

Hemos comprendido a través del tiempo que los niveles de desinformación y de ignorancia de las tremendas realidades que nos acosan cotidianamente son moneda corriente en el ciudadano común, en nuestros hermanos judíos y en la humanidad toda.

Estamos viviendo complejas épocas donde la judeofobia y sionofobia arrecian activa y violentamente desde los cuatro rincones del planeta y lamentablemente arrastran hasta a muchos de nuestros hermanos del mundo.

En momentos en que la guerra mediática por la verdad, es desastrosa no sólo para Israel sino también para las comunidades judías y los ciudadanos dignos y libres del mundo que tienen su destino demasiado unido al de la existencia de Israel aunque “todavía no seamos tan conscientes de ello”.

La idea del sionismo siempre se fundamentó en la profunda conexión entre el pueblo judío y su tierra, un vínculo que comenzó hace casi 4.000 años atrás cuando Abraham se estableció en Canaán, posteriormente conocida como la Tierra de Israel. Los anhelos por Sión y la inmigración judía continuaron en el prolongado periodo de exilio que siguió a la conquista romana y a la destrucción del Templo en el año 70 de la EC.

En el pensamiento sionista, siempre fue central el concepto de la Tierra de Israel como el lugar del nacimiento histórico del pueblo judío y la convicción de que la vida judía en cualquier otro lugar es una vida en el exilio.

Continúan plenamente vigentes las viejas premisas de que el sionismo es el movimiento de liberación nacional del pueblo judío y que tienen como objetivos primordiales:

1. La unidad del pueblo judío y la centralidad de Israel en la vida judía del mundo.

2. La reunificación del pueblo judío en su patria histórica, la Tierra de Israel, desde todos los países del mundo.

3. La preservación de la identidad espiritual, cultural e histórica del judaísmo.

4. La protección de los derechos de los judíos en todos los lugares donde vivan.

Llega la hora de nuevos paradigmas, que impulsen a Israel por un novedoso camino que concluya con muchas tareas comenzadas pero no concluidas:

-Eliminar definitivamente las amenazas de destrucción de nuestros enemigos de siempre.

-Continuar congregando a los judíos desperdigados por el mundo en nuestro hogar nacional.

-Desarrollar una sociedad vibrante y vital orientada a la justicia social, a la igualdad de oportunidades y a la paz comprometida con la vida.

-Erigirse como un ejemplo que se expanda a toda esta sufriente humanidad de hoy que es sometida permanentemente a las guerras, a las injusticias, al hambre, a la intolerancia, a la injusta distribución de los beneficios y a las miserias de esta época de globalización.

Necesitamos de un sionismo, heredero de todas las utopías y realizaciones anteriores, lo necesitamos los judíos y también lo necesita esta humanidad.

Herzl manifiesta, en “El Estado Judío” (1895): “el mundo se liberta con nuestra libertad, se enriquece con nuestra riqueza y se engrandece con nuestra grandeza”

Mientras sobreviva el ultimo sionista, como tú, como él o como yo; será el último ejemplar de esta peculiar especie en extinción pero el futuro estará ahí, muy cercano, al alcance de nuestras manos.

“Si me olvidare de ti, oh! Jerusalem, mi diestra sea olvidada. Mi lengua se pegue a mi paladar, si no ensalzare a Jerusalem como preferente asunto de mi alegría.” (Salmos 137:5-6).

Guido Maisuls
Servicio judío de opinión e investigación periodística
www.identidades.com.ar

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