Historias y presencias de mujeres empoderadas

Historias y presencias de mujeres empoderadas

Mi matriarca Sara

Hace muchísimos milenios atrás existía un hombre llamado Abraham, “el padre de muchos pueblos” que había realizado un pacto con D’os y a causa de esto se convirtió en el origen de un pueblo al que se le daría la tierra de Canaán como posesión eterna. “Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra” Génesis 12,1-3. Abraham y su esposa Sara subieron a la Tierra de Israel.

Según el Génesis se denominaba Sarai pero D’os lo cambió luego a “Sara” antes de concederle el milagro de parir a su único hijo Yitzhak a la edad de 90 años.

Y Sara dijo: “Una risa (broma) hizo Dios para mí, todo el que lo escuche se reirá de mí”. Y dijo: “¿Quién creería… que Sara amamanta hijos? ¡Di a luz a un hijo en mi vejez!” (Génesis 21:6-7)

Relata el Tanaj: “Y fue la vida de Sara, cien años, veinte años y siete años, los años de la vida de Sara” Génesis 23-1.

Sara falleció  a los 127 años y fue enterrada en  un lugar denominado Mearat Hamajpelá en Hebron, Tierra de Israel.  

“Entonces Yitzhak la trajo a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca y ella fue su mujer, y la amó. Así se consoló Isaac después de la muerte de su madre” Génesis 24:67

Yo me siento un orgulloso descendiente de mi matriarca Sara.

 

Mi abuela Sara

Transcurría la década del 1910 en esas tierras vírgenes y bravías de la verde Entre Ríos, en esa joven República Argentina. Nacía la colonia judía de Walter Moss, a quince kilómetros al noroeste del pueblo de General Campos.

En esta colonia, una pareja de recién casados formaban su nuevo hogar: José Maisuls de 20 años, nacido en la ciudad de Minsk hoy Bielorrusia y llegado al país a los diez años y Sara Tevelez de 18 años nacida en la colonia judía de Las Moscas en la misma Entre Ríos, mis Queridos Abuelos.

La jornada de trabajo de Sara comenzaba muy temprano, se levantaba inexorablemente todos los días a las cuatro de la mañana tanto en las blancas y heladas madrugadas invernales o en los cálidos y perfumados amaneceres estivales.

Sara a amasar y a hornear en la negra cocina a leña, el blanco y tierno pan que los alimentaría física y espiritualmente a ellos y a sus futuros descendientes y a ordeñar sus vacas que esperaban ansiosas, separadas de sus terneros, para darle esa blanca y tibia leche que debía estar lista dentro de su reluciente recipiente metálico y que era retirado inexorablemente a las ocho de la mañana por los empleados de la cremería cercana para ser convertido en queso y crema destinada a los  pobladores de las incipientes ciudades argentinas.

Ella era el fruto joven de esta inmigración – se había formado en esta nueva tierra – su castellano era perfecto aunque el idish materno y milenario era su lengua intima y familiar.

Pasaron los años, la familia creció natural y espontáneamente como el trigo del campo, vinieron los hijos y con ellos grandes vientos de cambios que los llevaron a otros paisajes, a otros oficios, a otras realidades pero hubo algo que nunca se modifico a través de los tiempos y que fue el gran legado de José y Sara a sus descendientes.

Yo soy un orgulloso descendiente de mi abuela Sara Maisuls.

Mi hija Sara

Hoy yo soy un hombre que ha sido bendecido por la dicha de tener una hermosa hija llamada Sara, una mujer empoderada en sus decisiones, en sus actitudes y en sus fortalezas.

Orgulloso de vos Sara.

Dr. Guido Maisuls
Servicio judío de opinión e investigación periodística
www.identidades.com.ar

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